Recorre París en un fin de semana

París es mucho más que la capital de Francia, además es la capital del amor. Por ese motivo, sobre 25 millones de personas la visitan cada año. Posee alrededor de cuatrocientos parques, ciento cincuenta galerias y hasta setenta mercados hacen que el viajante tenga dificultad sobre qué elegir entre tanta opción.

Inicialmente, una visita a la catedral de Notre Dame hará el gozo de grandes y pequeños. Esta emblemática alcázar es uno de los monumentos más magníficos de París. La catedral ha servido para telón de fondo de cientos de films y cuentos. Sube hasta la torre más alta para disfrutar de unas fantásticas vistas de la capital y admira las gárgolas bien de cerca.

Glimpse of the Marais, Paris with Half-Timbered Medieval House by Rita Crane Photography

Un viaje a París sin visitar el Museo del Louvre es un sacrilegio. Es tan enorme que es imposible verlo todo en 24 horas, así que si no eres un fan del arte, no pierdas el fin de semana entre todas sus salas. Elige tus obras favoritas y contémplalas. Por supuesto, no puedes perderte a la Mona Lisa, la diosa del museo.

Seguidamente, corre al mercado de Les Puces. Se trata de un mercado encantador que aún mantiene la chispa de los sitios que no han sido descubiertos por el turismo de masas. Allí podrás comprar prácticamente de todo, desde libros y muebles antiguos, hasta todo tipo de cachivache. No te preocupes por el clima, el tiempo en París suele ser bueno prácticamente todo el año.

Los Jardines de Luxemburgo son una de las muchas maravillas de París. Flores, frutales y fuentes harán que te sientas como en el Paraíso. Asegúrate de no perderte la increíble fuente Medici. Luego puedes pasear hasta Montmartre, el famoso barrio bohemio de los artistas y de Amelie Poulain. Una vuelta a través de sus calles estrechas y un vistazo al Sagrado Corazón son obligatorios.

Para gozar de la noche más auténtica típica de París, pásate por el famoso Moulin Rouge. Allí disfrutarás del mejor cancan francés de la mano de las Doriss Girls. Si te apetece algo más sosegado, el Duc des Lobards es tu sitio. Allí se toca jazz en directo y conocidos artistas internacionales como Freddy Cole o Olivier Ker Ourio actúan en su escenario.

Y por supuesto, visita la Dama de Hierro: La Torre Eiffel te espera con las mejores vistas de toda la ciudad. Para la cena más sofisticada, sube hasta la segunda altura de la misma, donde se encuentra el restaurante Le Jules Verne, uno de los mejores de toda la cuidad.

Zugarramurdi: “El pueblo de las brujas”

Zugarramurdi, situado en la región de los Pirineos, cerca de la frontera con Francia, es un pequeño pueblo de Navarra en donde es posible respirar misterio y magia en un viaje a través del tiempo. A este poblado de 200 habitantes, que está incluido en la Ruta de la Brujería, se lo conoce también como “el pueblo de las brujas”, debido a que en el siglo XVII muchas mujeres fueron acusadas de brujería y, en consecuencia, condenadas a la hoguera.
A tan solo 400 metros de Zugarramurdi se encuentra su cueva, la cual puede ser visitada incluso hasta el anochecer. A diferencia a lo que puede apreciarse en otras cuevas, aquí es posible observar un atractivo casi único; ya que en el siglo XVII servía de escenario para los akelarres, reuniones paganas en las que tenían lugar festines desenfrenados y danzas en torno a hogueras.
El arroyo Orabidea, ha excavado un túnel natural de unos 120 metros de extensión y dos galerías elevadas. A la parte más abierta del túnel se la conoce como “Sorgin Leze” (cueva de las brujas), mientras que el lado más estrecho es conocido como “Akelarre Leze” (cueva del akelarre). En la entrada a la cueva, es posible apreciar un panel que recuerda los nombres de los vecinos que fueron quemados en la hoguera.
Al mismo tiempo, es posible realizar un paseo por el camino que recorre la cueva de Zugarramurdi y que une a esta cueva con las de Urdazubi/Urdax y Sara. Es el Sendero de los Contrabandistas, un camino que discurre apacible entre prados y bosques.
Cada 18 de agosto tiene lugar una celebración, la cual revive el pasado del pueblo y celebra el tradicional zikiro jate, una comida popular muy concurrida y en la que se sirve cordero asado en estacas.
En la entrada del pueblo está la plaza principal, donde es posible apreciar muchas de las casas que supieron pertenecer a estas “brujas”, hace 400 años. Aún hoy, se pueden ver las diez cruces que colocó la Iglesia en las calles a modo de protección.
Para completar la visita y revivir la leyenda, vale la pena acercarse al viejo hospital donde funciona el Museo de las Brujas.

Relajadas vacaciones en Formigal

En Formigal, localidad perteneciente al municipio de Sallent de Gállego en la comarca del Alto Gállego, representa un lugar increíble para descubrir. Se trata de un valle perfecto para unas relajadas vacaciones.
Formigal es sede de la Estación Invernal que lleva su mismo nombre, un escenario ideal para la práctica del esquí y demás deportes de invierno, aún durante los meses más caluroso gracias a la creación de nieve artificial.
De todas maneras, lo mejor es visitar este pueblo  en las estaciones frías, ya que tendrás la oportunidad de apreciar el imponente paisaje que ofrecen las laderas nevadas.
Entre las numerosas actividades que puedes desarrollar durante tu viaje en Formigal, destacamos pasear en helicóptero, montar una motonieve o pasear en un trineo de perros, que te permitirá contemplar lugares imperdibles.
Como la población se halla muy cerca de Francia; el cruce fronterizo es bastante concurrido, por lo que se observa una gran mixtura entre las dos sociedades. De ese modo, podrás probar quesos y vinos franceses en El Portalet, el sitio de visita obligada durante tu viaje a Formigal.
También, podrás inclinarte por el senderismo, vislumbrando paisajes acogedores, vistas irrepetibles custodiadas por elevados picos, como sucede en la zona de Anayet.
Si optas por viajar a Formigal en verano, podrás disfrutar de actividades como trekking, visitar el gran parque multiaventura, tomar sol en una terraza solarium, hacer paseos y excursiones a miradores, así como a picos e ibones,  o realizar un recorrido en las telesillas.
Al mismo tiempo, en Formigal podrás dar un paseo por Sallent de Gallego y Collado de Portata, dos caminos de una belleza soberbia.
En sus calles, podrás toparte con la iglesia del desolado pueblo de Basarán, un templo prerrománico del siglo XI.
Los visitantes, encontrarán en Formigal un excelente servicio hostelero y turístico, para todos los gustos y bolsillos.
Por otra parte, la variada orografía del terreno posibilita la práctica de otros deportes, tales como el barranquismo, parapente o diferentes actividades náuticas.
En fin, tanto en invierno como en verano, en Formigal hallarás, sin dudas, un fabuloso lugar vacacional para disfrutarlo con amigos o en familia. Vive tú mismo la experiencia de conocer Formigal, una ciudad que te regalará durante tu viaje fotografías únicas.

Regala un viaje por Navidad: Cruceros por el Mediterráneo

La costa mediterránea es rica en calas vírgenes, playas de arena blanca y rincones costeros donde late la historia. Aunque se respire el mismo aire cada lugar que rocía el Mediterráneo posee denominación de origen y una singularidad digna de conocer. Para descubrirlos lo más rentable es viajar con cruceros y elegir el destino que más nos interese. Y también puede ser un buen regalo de Navidad para aquellos seres queridos que se merezcan un descanso o que nunca hayan visto las bellezas del mar Mediterráneo.

Además, la estancia en un barco de estas características hacen el viaje mucho más confortable que viajar en avión o moverse por la ciudad con otro tipo de transporte. Y no hay que decir que contemplar las noches estrelladas sobre el mar es una de las escenas más bonitas que nos puede obsequiar la naturaleza.

Existen muchos destinos de salida pero los más demandados son los minicruceros desde Barcelona, Valencia, Almería y Málaga. La mayoría de estos cruceros acceden a los puertos de las Islas Baleares y algunos de Italia, Francia, Túnez y Malta. Durante el viaje se harán descansos para poder visitar la ciudad y comprar algún souvenir.

Viajar por el Mediterráneo es uno de los destinos obligados para aventureros y amantes de la historia. En las ciudades colindantes de los puertos era donde se desarrollaba los comercios que hicieron emerger la ciudad y desarrollar la cultura mediterránea que nos caracteriza hoy. Nuestros antepasados recorrían el mar en busca de fortuna, otros querían encontrar nuevos lugares que engrandecieran la belleza del mar que les vio nacer.

Asimismo, el Mediterráneo es uno de los destinos preferidos por los extranjeros que llenan las playas de arena blanca y disfrutan de las calas vírgenes que adornan la costa. Además de saborear deliciosos restaurantes donde se ofrece pescado fresco y marisco de primera calidad.

Regalar un viaje es regalar cultura. Es regalar nuevas vistas y experiencias que componen nuestra vida.

Aínsa, auténtica postal del medioevo

Aínsa, ubicada en un cruce de caminos y circunscripta por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, es una bella ciudad que ofrece una estupenda postal del medievo que permanece vigente gracias al turismo.
Comenzamos el paseo por la Plaza Mayor, una enorme plaza de inconfundible estilo románico, que se encuentra ornada con un pórtico de arcos irregulares. Allí, surge la calle Mayor donde se alzan las casas señoriales, que exhiben sus característicos escudos de armas en las fachadas, y al final de la cual se halla la Iglesia de Santa María, la cual está coronada por una torre desde donde es posible divisar el valle en su totalidad. Detrás de la iglesia, hay una fortaleza que se destaca por sus tres baluartes del siglo XVI. Este ha sido un escenario de luchas, las más legendarias contra los musulmanes. El primer domingo de setiembre de cada año impar se lleva a cabo la Fiesta de la Morisma, en la que se representa la gesta de los García Jiménez que conquistaron la villa, que estaba en poder de los invasores árabes, luego de que una gran cruz de fuego, considerada una señal divina,  se les presentara en lo alto de una encina.
Actualmente, Aínsa es elegida por miles de visitantes cada año. Continúa siendo el cruce de caminos entre el Somontano y la Ribagorza y, desde la inauguración del túnel de Bielsa durante la década del 60, también entre Francia y los valles oscenses. Los turistas franceses se transformaron en una gran fuente de ingresos para los comercios locales, que arriban en masa todos los veranos con el propósito de participar y disfrutar del Festival de Música Étnica del Castillo de Aínsa.

Imagen:

http://2.bp.blogspot.com/-TdDQRSuR6Uc/TdZE5utWKaI/AAAAAAAAAF8/3Ap_-62M8Bc/s1600/Ainsa+%252859%2529.JPG