Torla, historia viva

La villa de Torla, situada en la provincia de Huesca, es poseedora de  una vasta historia y un patrimonio por demás singular.
Su casco antiguo, de origen medieval, se encuentra en perfecto estado de conservación, guardando auténticas muestras de la arquitectura tradicional altoaragonesa, como es el caso del Casón de los Viu, un palacio datado en el siglo XIV,  considerado una de las construcciones más importantes de todo el valle.
Otras construcciones interesantes son la Casa Ruba, Casa Bun y la Casa Lardiés, por mencionar algunas, las cuales se hallan construidas en piedra, y ostentan escudos nobiliarios en sus fachadas.
De la arquitectura religiosa, sobresale la iglesia parroquial, un templo del s. XVI, de estilo gótico tardío, que ha sido recientemente restaurado, admirado por su bella portada románica.           
Por otro lado, el magnífico escenario en el que se alza la villa posibilita la realización de diversas actividades deportivas, como rafting en el río Ara, considerado uno de los últimos ríos vírgenes del pirineo; hidroespeed y barranquismo.
El paraje montañés, durante el verano, es ideal para practicar senderismo, realizar ascensiones y escalada. Mientras que, en el invierno, se puede disfrutar del esquí de montaña, alpinismo y escalada en hielo.
Sin lugar a dudas, el principal lugar de interés de Torla es el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Monte Perdido, con sus 3355 metros de altitud, sobresale por ser el macizo calcáreo más alto del continente europeo, en cuyo relieve es posible encontrar una importante diversidad de ecosistemas.

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Yebra de Basa, tras la ruta de los santuarios

De paso por la provincia de Huesca, vale la pena visitar Yebra de Basa, un pueblo con encanto perteneciente a la comarca del Alto Gállego. Con una población que apenas alcanza los 160 habitantes, es una población  acogedora para pasar unos días de descanso.
El tiempo parece haberse detenido en este lugar de casas típicas del pirineo aragonés, con fachadas de piedra y tejados con pendientes más que pronunciadas. Además, las tradiciones y el arte religioso se conservan como el primer día.
Yebra de Basa posee una iglesia parroquial, datada en el siglo XVI, que está dedicada a San Lorenzo. Se trata de un templo gótico, en cuyo interior puede apreciarse tablas ornamentales renacentistas así como el relicario de Santa Osoria.
En nuestro paso por este atractivo pueblo, no podemos dejar pasar la oportunidad de realizar la ruta de los santuarios rupestres, más aún si nuestra visita coincide con el 25 de junio, fecha en la que se lleva a cabo la romería hacia la ermita de Santa Osoria, que discurre por los distintos santuarios.
Desde Yebra de Basa, podemos acceder a otros pueblos interesantes, como es el caso de Fanlillo, San Julián de Basa, Orús o Sobás. Sitios en los que vale la pena disfrutar de su arquitectura civil y religiosa.
En cuanto a la gastronomía de la zona, vale la pena destacar que se adapta  a las costumbres y las temporadas climáticas. Por lo que podremos degustar longanizas, jamones, morcillas, chorizos y tortetas.

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Breve visita a Manzanal del Barco

Para quienes esten de paseo por Zamora, una buena opción es realizar una excursión de un día en Manzanal del Barco.Un pueblo que, si bien no es muy chico, está habitado en su mayoría por gente mayor, pues en los últimos cincuenta años su población ha disminuido notablemente. Aunque es común que los fines de semana o durante las vacaciones el pueblo se vuelva un poco más concurrido.

Pero si algo hay que destacar de Manzanal es la calidez de sus pobladores, gran parte de los cuales se dedica a las actividades agrícolas y a la ganadería. Se trata de un lugar bonito, en el que su arquitectura tradicional está conformada por casas con puertas de cuarterón, que se destacan por sus fachadas de piedra, tal como  las que pueden verse en las zonas de los huertos.

Al mismo tiempo, su entorno natural es encantador, con frondosas y extensas arboledas, en especial en el área del  embalse, que en algunos momentos del año sube hasta el pueblo.

Otro aspecto que vale la pena destacar es su gran vida religiosa, sobre todo porque muchos de los que aquí se han criado se dedicaron al sacerdocio.  En el núcleo poblacional, se encuentra una casa parroquial que es habitada por una Congregación de Hermanas Franciscanas.

Su principal monumento es la iglesia parroquial, una construcción amplia y muy bien conservada, en cuyo interior se conserban imágenes de diversos santos. En fin, la visita es corta pero bien vale la pena realizarla.