Visita guiada en Los Yébenes

Los Yébenes es un municipio del sur de la provincia de Toledo, que se encuentra ubicado entre las comarcas de Los Montes de Toledo y La Mancha. Se caracteriza por la singularidad y belleza de sus parajes, por lo que se trata de un sitio propicio para aquellos que desean descansar disfrutando del contacto directo con la naturaleza.

La riqueza paisajística de Los Yébenes queda de manifiesto en lugares como el Coto Nacional de Los Quintos de Mora, sitio en el cual con frecuencia se llevan a cabo estudios cinegéticos. Asimismo, los montes y sierras que conforman el entorno constituyen el escenario perfecto para realizar visitas guiadas, tanto a caballo, en bicicleta o a pie.

En su término municipal pueden apreciarse además diversos molinos de viento, algunos de los cuales se encuentran completamente restaurados, así como las pinturas rupestres de la Sierra de Los Yébenes.

Entre sus monumentos más importantes puede mencionarse al Castillo de Las Guadalerzas, una fortaleza medieval que cuenta con una atractiva torre del homenaje, pero que desafortunadamente no puede visitarse más que su exterior ya que se trata de una propiedad privada.

El pueblo posee, a su vez, una interesante arquitectura religiosa que se ve plasmada en la Ermita de la Concepción, cuya nave está cubierta por falso techo; la Ermita de la Soledad, que dispone de una capilla mayor situada tras un arco triunfal de medio punto; la Ermita de San Blas, templo de una nave de estilo popular; y la Ermita del Cristo, que destaca por el artesonado de su interior. A ellas se les suman la Iglesia de San Juan, edificio del siglo XVII-XVIII que contiene un atractivo retablo barroco, y la Iglesia de Santa María, templo con planta de cruz latina que posee un retablo de estilo rococó.

La Casa del Prior, el Palacio de la Encomienda y Fuente Nueva, son otros de los sitios de interés de este pueblo apacible y lleno de encanto.

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Mina La Jayona: Naturaleza en estado puro

Pocos sitios esconden tanto misterio como una mina abandonada, siendo que comúnmente no sobran las oportunidades para visitar una. En La Jayona, en la sierra que funciona como límite divisorio entre Extremadura y Andalucía, es posible ver en primera persona cómo la naturaleza ha podido convertir el esfuerzo del hombre para dar lugar a un entorno realmente único.
La explotación de la Mina La Jayona tuvo lugar en 1921, año en que dicha mina fue cerrada. Hasta ese momento, cientos de mineros realizaron allí la dura labor de extraer hierro. Al principio, la extracción la hacían con la ayuda de caballerías, que posteriormente fue sustituída por un cable aéreo que conectaba la mina con la estación de ferrocarril.
Recién en 1997, tras haber transcurrido más de siete décadas del cierre de la mina, este lugar fue reflotado al ser declarado como monumento natural. Claro que, para ese entonces, la naturaleza se había apoderado de las galerías que estuvieron durante largos años abandonadas, creando de ese modo en los roquedales de la mina un rico ecosistema, compuesto por muerciélafos, musgo, helechos, plantas trepadoras, insectos y algunas especies de aves.
Si bien el acceso a la mina es totalmente gratuito, para poder visitarla es necesario llamar antes al ayuntamiento al cual pertenece, Fuente del Arco, pues es allí donde se encargan de organizar las visitas guiadas que conducen a los visitantes por las tres galerías que están habilitadas.
En su interior, pueden contemplarse de lleno los espejos de falla, las estrías, los procesos kársticos y las chamelas de pliegues, originados por fenómenos geológicos.
La mina es el principal atractivo turístico de Fuente del Arco, un acogedor pueblo que se alza en torno a su Plaza Mayor, donde se ubica la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.
A pocos kilómetros de este municipio, en la zona de las sierras, vale la pena visitar la ermita de Nuestra Señora del Ara, templo de estilo mudéjar y barroco que, si bien no posee un exterior que llame mucho la atención, presenta en su interior muros y bóvedas que se hallan recubiertos de frescos de sumo encanto, que transportan imaginariamente al visitante a la Capilla Sixtina.

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