Santander, mucho más que bellas playas

La ciudad de Santander, capital de la región de Cantabria, es uno de los destinos de España más elegidos por los turistas por su calidad de localidad costera, bañada por las aguas del  Mar Cantábrico. Por lo que constituye el sitio ideal para disfrutar de la playa y descansar.
En la actualidad, gracias a la pluralidad de ofertas de vuelos que existen, es posible acceder a esta bella ciudad y sus alrededores, a costos que se ajustan a todos los bolsillos.
Quizá lo que torna a esta ciudad más hermosa aún no es otra cosa más que su excelente ubicación, ya que se emplaza en una de las bahías más bellas del mundo. De este modo, Santander presenta todas las características típicas de una capital dinámica, en la hay de todo para ver, desde un entorno natural de enorme belleza hasta monumentos de marcado valor artístico y cultural.
De esta manera, aparte de sensacionales playas, es posible realizar una visita a la Biblioteca y Casa-Museo de Menéndez Pelayo, así como al Museo Municipal de Bellas Artes, y la Catedral, la cual dispone de una cripta perteneciente al siglo XIII aparte de un claustro del siglo XV.
Por su parte, el Paseo de Pereda, el Puerto Chico y la Avenida de la Reina Victoria son otros de los sitios de visita obligada debido a que ofrecen al visitante paisajes urbanos por demás pintorescos. En tanto que la Península de la Magdalena, representa un magnífico parque que acoge al Palacio Real, que ha sido residencia de verano de la Familia Real hasta 1930. La playa del Sardinero y el Gran Casino, junto con los museos, como el de Prehistoria y Arqueología y el Museo Marítimo del Cantábrico, completan este periplo realmente encantador.
En caso que contemos con más tiempo, podemos visitar, en los alrededores de Santander, las zonas naturales de Liencres, Peña Cabarga y Cabárceno, así como también las cuevas de El Soplao y Altamira.

 

El escenario rural de los Valles Pasiegos

Hoy visitamos la comarca de los Valles Pasiegos, en Cantabria, cuya singularidad reside en que se alza en torno a las cuencas de los ríos Pas, Miera y Pisueña. Cuenta con un encantador paisaje rural, de alguna manera esculpido por los estilos de vida tradicionales muy ligados a la ganadería que todavía persisten, y numerosos atractivos por descubrir.
Los primeros pobladores, que habitaron los valles pasiegos durante el Paleolítico, han dejado sus huellas en las cuevas del Monte Castillo, tres de ellas delcaradas Patrimonio de la Humanidad.
Las primeras iglesias y ermitas datan del siglo XVII, en torno a las cuales se asentaron las villas de San Pedro del Romeral, San Roque del Riomiera y la Vega de Pas. En efecto, los templos más antiguos son los de San Roque de Riomiera, Nuestra Señora de la Vega y el de San Pedro del Romeral.
Las cabañas pasiegas, construcciones características de la zona, dan cuenta del modo de vida de los pobladores del valle pasiego. Hasta no hace mucho, eran usadas en verano por los pastores cuando llevaban el ganado desde los pueblos hacia la zona de pastos. Su estructura es de dos plantas y tejado de lastras de pizarra. Era común que cada familia tuviera unas cinco o seis de estas cabañas, a las cuales se trasladaban de acuerdo a los pastos.
La práctica de la trashumancia ha conformado desde siempre el estilo de vida pasiega, pues esta comarca, gracias a sus grandes extensiones de praderías y pastizales, ha sido el sitio perfecto para la cría de la vaca pasiega, su raza autóctona. Con su leche son elaborados diversos productos representativos de la zona, como las quesadas, la mantequilla y los dulces.
Todas las costumbres y tradiciones ancestrales del lugar pueden conocerse mejor visitando el Museo de las Tres Villas Pasiegas, ubicado en un antiguo edificio de la Vega de Pas, cuya construcción se asemeja a una típica cabaña pasiega. Allí, se exponen numerosos utensillios de trabajo, entre otros objetos representativos de los pasiegos.
También, puede visitarse la Casa del Pasiego, centro de interpretación en el que se exhiben distintos elementos, maquetas y útiles que dan cuenta de la forma de vida tradicional de la comarca.
Otra opción es acercarse a coocer el Museo de las Amas de Cría Pasiegas, en Valvanuz, que cuenta con una exposición conformada por  más de 300 fotografías de amas de crías pasiegas, a modo de documentar las costumbres típicas de los pobladores de la comarca.

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