Patrimonio natural de Anievas

A la hora de buscar un destino para vacacionar lejos del bullicio típico de la gran ciudad, el Valle de Anievas se presenta como una excelente alternativa. Ubicado en la comarca del Besaya, el valle lateral está atravesado por el río Casares.

Desde esta localidad, una carretera se interna en Anievas dando acceso a los cuatro pueblos del valle: Barriopalacio, Cotillo, Villasuso y Calga. El paisaje de Anievas es el típico de la media montaña de Cantabria, en el cual predominan los prados en los alrededores de los pueblos y las manchas boscosas se ubican en torno a algunas vaguadas.

Aparte de su maravilloso patrimonio natural, Anievas posee otros atractivos, como es el caso de la iglesia de San Andrés de Cotillo, templo románico que constituye un claro ejemplo de la  arquitectura popular.

Lamentablemente, los últimos cuatro hórreos montañeses han desaparecido. Pero en el pueblo de Cotillo pude contemplarse un hórreo, aunque de construcción moderna.

Aquellos que gustan del senderismo, pueden tomar la “Ruta del Valle de Anievas”, de creación reciente, que forma parte de una red de senderos que abarca la cuenca del Besaya. En sus 9 kilómetros de extensión, este circuito los conducirá por los cuatro pueblos del valle así como por los montes de componen su entorno. La ruta comienza en Barriopalacio y se encamina hacia el sur, pasando por un encantador valle, descendiendo luego al pueblo de Cotillo. El recorrido prosigue por un camino antiguo que conduce a Villasuso, y finaliza en el pueblo de Barriopalacio.

Otra ruta que se puede tomar es la que lleva hasta la cumbre de la Espina del Gallego (965). Parte del Alto del Portillón y recorre la divisoria de aguas con el Pas. Si bien se trata de una senda sin mayores dificultades, no se recomienda hacerla en los días de niebla pues correrían riesgo de perderse.

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Actividades para hacer en Chulilla

Chulilla, perteneciente a la Comarca de La Serranía, es una ciudad de carácter montañoso que está ubicada en la cuenca alta del Río Turia.
La población se halla dominada por el Castillo árabe, que conserva del lado de la población torreones y murallas. La fortaleza posee, entre otras cosas, un recinto señorial con torre y restos de la residencia y cuatro aljibes. Mientras que, en la parte que da al río, está el  cañón denominado “Las Hoces del Turia”, de unos 6 kilómetros de longitud. Éste es, quizás, uno de los parajes más bellos y, a su vez, menos conocido de la Comunidad Valenciana. Sus paredes atraen por igual escaladores y naturistas.
Su rico patrimonio natural, transforma a esta localidad en el espacio perfecto para practicar senderismo, disfrutando de itinerarios por las zonas de mayor atractivo de la comarca, marcadas por la diversidad de paisajes fluviales, frondosas campiñas y abruptas zonas de montaña.
También, Chulilla es ideal para la práctica de escalada  deportiva y rutas en bici, para bicicleta de montaña y de carretera.
Junto al Río Turia, se dispone el Balneario de Fuencaliente., el cual sobresale por las propiedades  de sus aguas, perfectas para tratar afecciones reumáticas y respiratorias, así como trastornos de motricidad, celulitis, etc.
El Barranco de Falfiguera, por su parte, es otro de los grandes encantos de esta estupenda población. Este paraje, posee una zona de difícil acceso, descubierta en 1998,  que alberga pinturas rupestres de gran valor histórico.
Por otro lado, de la arquitectura religiosa puede visitarse la Iglesia de la Virgen de los Ángeles, construida sobre una antigua mezquita, y la Ermita de Santa Bárbara, un edificio originariamente gótico que dispone de una sola nave con pilastras y bóveda de crucería.
Otra de las cosas que sobresalen del paisaje de Chulilla son las numerosas fuentes, algunas de ellas  permanentes y otras que surgen en función de las lluvias. La principal y más grande de todas es la Fuente del Balneario, que abastece al balneario y al  pueblo en su totalidad. También, vale la pena mencionar a las fuentes de la Rinconá, Corachana,  Terrosa, Mortaina, Pelma, La Maza y El Lebrecillo, entre muchas otras.
De este modo, no es difícil afirmar que Chulilla es un buen lugar para descansar, disfrutando de la naturaleza de su entorno y de la amplia oferta de actividades deportivas y lúdicas.

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Viajando por Herencia

Herencia es un municipio de Castilla – La Mancha, poseedor de un interesante patrimonio tanto artístico como natural. Por lo que sobran los motivos para visitar este magnífico destino.

Uno de los sitios de mayor historia de esta población es la Iglesia de la Inmaculada Concepción, el primer templo religioso de Herencia, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, aunque el edificio actual data del siglo XVIII. Situada en la Plaza de España, dispone de una sola nave, en cuyo interior se conservan diversos objetos de gran valor artístico, como los altares de estilo Barroco.

Para continuar conociendo la arquitectura religiosa de la villa, vale la pena visitar el Convento de Nuestra Señora de la Merced, fundado en 1656, donde cada mes de septiembre se celebran allí las Ferias y Fiestas patronales. En su interior se destacan el Camarín de la Virgen de las Mercedes y la Capilla del Cristo del Consuelo.

Entre los lugares de visita obligada se hallan el Pasadizo elevado, el cual comunica la Iglesia de Ntra. Sra. de la Merced con la Casa de Herencia.

También, hay diversas ermitas para recorrer, como es el caso de la Ermita de San Cristóbal, ubicada en las afueras de la población; la Ermita de San Bartolomé, una de las más antiguas de la localidad; la Ermita de San Antón, construida sobre la  la Ermita de Santa Lucía; y la Ermita de la Asunción, también conocida como “La Labradora; entre otras.

Los molinos de viento le confieren una impronta singular al paisaje de Herencia. Entre ellos, es posible mencionar a El Ama, Dulcinea, La Dueña Dolorida y La Duquesa, entre otros.

Entre las construcciones típicas del municipio encontramos a las Casas Solariegas, levantadas desde el siglo XVII en adelante, que se caracterizan por sus fachadas de gran valor arquitectónico.

El principal atractivo de este destino es La Copa, un depósito de agua construído a mediados del año 1946, que se halla situado en el paraje natural de La Pedriza.

Por otro lado, el patrimonio natural de Herencia está conformado por maravillosos parajes, como la Sierra de los Molinos o del Aljibe, en cuya cima hay diversos Castros; y la Sierra de la Horca, que posee un yacimiento de la Edad del Bronce. Además, sobresale la Sierra de Herencia o de La Solana, que además de poseer varios castros, contiene parajes de interés que merecen una visita, como es el caso de la Fuente de la Higuera y Los Pozos del Agua.

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Valle del Ambroz: paisaje de montañas y dehesas

El Valle del Ambroz es un paraje de la provincia de Cáceres en el que conviven diferentes ecosistemas, situación propiciada por el contraste de altitudes.

A aquellos que deseen conocer este lugar, les proponemos hacer una ruta de montaña partiendo desde Hervás, para luego continuar camino por las dehesas que se encuentran entre las ruinas romanas de Cáparra y el embalse de Gabriel y Galán.

Comenzando el recorrido en Hervás, se debe tomar la carretera que conduce hacia Cabezuela del Valle. Durante el trayecto, es posible apreciar la rica flora y fauna de la zona, que incluye especies bien variadas. Una buena opción es complementar la subida al Puerto de Honduras en vehículo realizando algunos tramos a pie, sobre todo en las zonas de cumbres o bosque.

La segunda parte de la ruta nos lleva hacia la dehesa. Para ello, hay que tomar la salida de la autovía que va en dirección a Guijo de Granadilla y la presa de Gabriel y Galán, la cual está ubicada justo al lado de la estación de tren de Villar de Plasencia, actualmente abandonada. Durante el periplo, que nos lleva a atravesar una dehesa típica, pueden contemplarse diferentes especies como abubillas, rabilargos, grullas, etc. Luego de haber recorrido exactamente unos 4,4km, viramos a la izquierda para tomar otra carretera que nos llevará a una charca ganadera situada en el paraje de Fresnedillas donde podremos contemplar cigüeñas negras, carracas, chorlitos dorados y garcetas, entre otras especies.

Tras retomar el camino inicial y pasar junto a las ruinas y el arco romano de Cáparra, continuamos rumbo a la presa de Gabriel y Galán. Una vez allí, nos disponemos a apreciar la belleza natural del lugar y a observar a la diversidad de aves que lo habitan.

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Bardenas Reales

Al sur de la provincia de Navarra se encuentra Bardenas Reales, un sorprendente paraje semidesértico de 41.845 hectáreas de extensión. Para visitar el Parque Natural de las Bardenas Reales, puedes acceder desde el pueblo de Arguedas, en cuya zona entrada verás la inscripción toros bravos.

Transitando por la angosta carretera, podrás comenzar a apreciar las formaciones características del terreno, comunes en este tipo de parajes, originadas por la acción del agua y el viento sobre el suelo.

Tras recorrer algunos kilómetros, arribarás al centro de interpretación del parque, donde puedes informarte acerca de los lugares de mayor interés que puedes visitar, así como por las rutas en bici o a pie que puedes realizar por este lugar para conocer lo más característico de la zona.

El índice de lluvias de las Bardenas Reales varía entre 400 y 500 mm de precipitaciones al año, concentrándose en su mayoría durante el otoño y la primavera. Lo curioso e impensado de este parque natural es que sus suelos resultan ideales para la agricultura.

La fuerte erosión producida por el agua, sumada a las torrenciales precipitaciones, da lugar a los barrancos que conforman una especie de red laberíntica que se extiende por toda la zona de las Bardenas, fundamentalmente en la Bardena Blanca. La Blanca se halla rodeada por los cabezos y planas, siendo los más trascendentes los cabezos de Cortinas, Pisquerra, El Rallón y Castildetierra. Mientras que de las planas sobresalen las de la Ralla y Alfarillo.

El parque es dueño de una gran belleza paisajítica, la cual queda evidenciada sobre todo en Castildetierra, un auténtico monumento natural, de especial interés pues sirve de modelo para explicar el singular proceso de erosión que existe en Bardenas. Los materiales erosionados se depositan a los pies de los cabezos originando suaves laderas de acumulación.

No dejes de conocer las Bardenas Reales, sin dudas quedarás impactado con tu visita.

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Patrimonio arqueológico y natural de Ardales

Ardales es un municipio malagueño cuyo casco urbano de trazado medieval se emplaza en la falda de un accidentado cerro, en la cima del cual se encuentran las ruinas del Castillo de la Peña.
Poseedor de un interesante patrimonio arqueológico y natural, es posible conocer en primera persona su historia al recorrer la ciudad. Así, por ejemplo, puede visitarse la Cueva de Ardales, también conocida como de la Calinoria o de Doña Trinidad, que data de tiempos prehistóricos. En su interior, conserva pinturas rupestres, así como diversos enterramientos del calcolítico y un yacimiento del periodo neolítico. En la Plaza de la Constitución, contigua al edificio del Ayuntamiento, se encuentra la Sala de Interpretación de la Cueva Prehistórica de Ardales, donde son expuestas algunas reproducciones de los grabados y pinturas de la cueva.
El mencionado Castillo de la Peña y el Puente de la Molina, son de la época de dominación romana. El puente se alza sobre las aguas del río Turón, descendiendo por la calle de los Carros, desde la plaza de San Isidro.
A escasos cinco kilómetros del casco urbano, en la zona de las Mesas de Villaverde, está la Ciudad Mozárabe de Bobastro, un conjunto arqueológico medieval de sumo interés, del cual sobresale la iglesia rupestre por su combinación de elementos arquitectónicos.
Entre sus edificios de carácter religioso merece mención especial la Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, templo de estilo mudéjar localizado junto a los restos del Castillo de la Peña. Construida a fines del siglo XV sobre una antigua mezquita, capta la atención de los visitantes por su bella portada barroca. En tanto que en la parte baja del pueblo, se localizan el Convento de los Capuchos y la Ermita de la Encarnación.
El Desfiladero de los Gaitanes y el embalse de El Conde de Guadalhorce, son otros de sus atractivos.

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Geoparque Villuercas Ibores Jara

El Geoparque Villuercas Ibores Jara es un excelente lugar para los amantes del turismo de naturaleza. Este macizo montañoso está ubicado en el paraje Las Villuercas, al sureste de la provincia de Cáceres, sitio en el que ocupa dos extensos valles que son surcados por las aguas de los ríos Ibor y Guadalupe. Dichas corrientes de agua han causado tal erosión a lo largo de los años que fueron dejando al descubierto el antiguo núcleo de un enorme anticlinal, lo que ha producido la inversión del relieve.

Accediendo por el norte del Anticlinal del Ibor-Guadalupe, es posible apreciar estupendas panorámicas del valle del río Ibor. En el camino vale la pena hacer una parada en las Cuevas de Castañar de Ibor, culmen del relieve kárstico característico de la zona.

Las estructuras geológicas de las Sierras de las Villuercas conforman un relieve compuesto por diversos sinclinales y anticlinales, como es el caso del Anticlinal del Ibor-Guadalupe. Al mismo tiempo, la región en su totalidad destaca por una amplia fracturación, que hace que la megaestructura se vea cortada en diferentes puntos.

El Mirador de la Báscula es el sitio que los visitantes suelen escoger como observatorio, pues desde allí resulta más sencillo comprender que las rocas que conforman las crestas de las sierras pertenecen a una misma formación geológica que en el pasado tuvo forma abovedada y que hoy se ha convertido en un valle de relieve invertido.

El “Risco de La Villuerca”, que alcanza los 1601 metros de altitud, es la mayor elevación del conjunto orográfico. Desde su cima pueden contemplarse magníficas panorámicas de las cadenas montañosas, así como de las rañas, valles y Guadalupe.

Vale destacar que en Villuercas-Ibores-Jara se han contabilizado poco más de cuarenta Geositios de gran valor paleontológico, debido a sus fallas, pliegues, formas sedimentarias y erosivas. En ellos, hay paisajes de incalculable belleza, los cuales se caracterizan por sus ecosistemas únicos.

El patrimonio natural del Geoparque Villuercas Ibores Jara está representado, sobre todo, por las siete Zonas de Especial Protección de Aves, que despiertan los sentidos de los visitantes.

Alba del Campo

Alba del Campo es un pueblo lleno de encanto que está situado en la provincia de Teruel, en las inmediaciones del río Jiloca.

La villa se alza a los pies de una pronunciada loma, que se halla presidida por un castillo en estado ruinoso, del que sólo se conservan sus muros.

En dirección al sur y el oeste se encuentra la rambla de Las Atalayas, así como los cerros de San Ginés, San Cristóbal y Palomera, las mayores elevaciones de la zona.

Su patrimonio cultural, está compuesto por la Ermita de la Purísima Concepción, una construcción de estilo popular que data del siglo XVIII. Además de la originalidad de su interior, vale la pena apreciar los dos retablos  de estilo rococó que posee.

Otras ermitas que pueden visitarse son la Ermita de Santa Bárbara, declarada patrimonio histórico – artístico; la Ermita de la Virgen Mora, situada en la carretera que lleva a Almohaja, y la Ermita de San Cristóbal, ubicada en el cerro del mismo nombre.

Otra de las construcciones religiosas de especial interés es la Iglesia de la Invención de la Santa Cruz, un templo del siglo XVIII y de estilo barroco, cuyo edificio consta de tres naves. También, vale la pena conocer el Campanario de Alba, el cual constituye un vestigio de la antigua iglesia.

Del patrimonio natural de Alba del Campo se destacan la Fuente de la Umbría y su balsa, que están ubicadas en el camino de la ermia de la Virgen de Mora.

Además, pueden hacerse excursiones a El Hoyón, una magnífica depresión que se encuentra en el Alto de la Casilla, próxima a la ermita de los Santos de la Piedra. El acceso a este lugar sólo puede realizarse a pie o en vehículos 4X4.

Por último, resulta interesante hacer una visita al Museo Minero de Escucha, que funciona dentro de una mina. En él, se recrea cómo se trabajaba en la mina, a la vez que puede apreciarse la maquinaria real que era empleada.