La Iglesuela, ¡allá vamos!

La Iglesuela  es un municipio que recibió su nombre de un primitivo templo. Se trata de una de las villas más septentrionales de la provincia de Toledo, cuyo término municipal se halla bañado por las aguas del río Tiétar.
Los pozos de piedra, originarios del siglo XVIII,  que están diseminados por todo el casco urbano, fueron construidos con enormes piedras de granito. En el pasado, eran usados para el abastecimiento de agua de la población, pero hoy en día se los utiliza para el lavado de las aceitunas antes de ponerles el aliño, pues se trata de agua no clorada.
La arquitectura religiosa es otros de sus atractivos, cuyos máximos exponentes son la Iglesia de Santa María de La Oliva, un templo del gótico tardío;  la Ermita de la Fuensanta, que se destaca por poseer una pequeña fuente de agua cristalina bajo su porche; y la Ermita del Cristo,  una construcción de planta cuadrada del siglo XVI que en la actualidad se halla en ruinas.
De las construcciones civiles, sobresale el edificio del Ayuntamiento, una edificación de dos plantas, ubicada en la Plaza de España, que fue levantada en 1791 y que exhibe cuatro arcos en sus fachadas.
Además, no podemos perdernos de conocer El Ejido, un conjunto de corrales y pajares, situados en las afueras de la población junto a las eras, que incluye tres fuentes abrevadero, un embarcadero y un potro de herrar.
A escasos kilómetros de La Iglesuela, puede visitarse el Zoo de Piedra que, si bien se localiza dentro del término municipal de Almendral de la Cañada, fue construido por el ganadero-escultor, D. Longinos Ayuso, procedente de La Iglesuela. El zoo representa un conjunto de esculturas de animales que fueron talladas por el ganadero, durante sus horas de pastoreo, sobre rocas de granito.

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